lunes, 27 de febrero de 2017

CUANDO TIENES QUE SOLTAR LO QUE UNA VEZ TE SALVÓ



La verdad de la vida es que algunas cadenas sirven para atarnos más y otras están para romperlas y liberarnos. La paradoja, quizás sea, es cuando tienes que soltar lo que una vez te salvó. Es entonces cuando te sientes como un pájaro sin nido, libre porque tienes alas pero perdida porque no sabes donde volver.


Es el pecho ahora el que ya no se emociona porque los arrullos quedaron atrás y la distancia perdió el compás. Pájaro descarriado, volando sin rumbo; siguiendo la corriente, como quien sigue el fluir de un río… cuando antes tenía tan claro el destino; cuando antes sí vibraba en cada trino. Sin embargo, de esos rescoldos aún resuena el eco. Porque algunos cariños se impregnaron en tu cuello para siempre, porque algunos amores pían en tu oído por miedo a que los olvides.  Como el rojo de las amapolas, destiñéndose ante cada invierno. Y, quizás, de ese olvido nacen los anhelos que te empujan a emprender el vuelo.


Al fin y al cabo todos somos pájaros. Unas veces volamos en solitario y otras acompañados pero nunca perdemos de vista el horizonte porque es el que limita aquello que no se puede traspasar, esas cadenas imposibles de soltar.


Al fin y al cabo la vida sigue estando llena de paradojas.